Cambiar las ventanas paso a paso, con la casa vacía media temporada
El proceso completo contado en el orden en que se decide aquí: primero quién va a estar en la vivienda, después la medición, el doble permiso, la ventana de calendario que se cierra en julio y la corredera de la terraza, que es el hueco que manda en un apartamento. Con lo que decide de verdad si la instalación aguanta: el sellado.

Lo que se pregunta por teléfono casi nunca es el perfil ni la composición del vidrio. Se pregunta por la obra: cuántos días, cuánta suciedad, si hay que vaciar habitaciones, si se puede hacer con inquilinos entrando y saliendo, y —muy a menudo en esta comarca— si se puede hacer sin que el propietario esté. De eso trata este artículo.
1. La primera pregunta: quién va a estar en la vivienda
En la mayoría de las provincias este apartado no existe, porque se da por hecho que quien contrata abre la puerta. Aquí no se puede dar por hecho nada. En Xàbia, en Moraira, en Calpe, en Dénia o en l’Alfàs del Pi buena parte del parque es segunda residencia, y la conversación empieza por correo electrónico con alguien que está en otro país y que no piensa coger un avión para una obra de dos días.
Se puede hacer, se hace continuamente y sale bien. Lo que no admite improvisación es la logística de acceso, porque un equipo parado en un portal sin llave cuesta una jornada entera y descoloca el calendario del resto de encargos de esa semana.
- Identificar al portador de la llave. Puede ser un vecino de confianza, el conserje del bloque, la agencia que gestiona los alquileres o el propio administrador. Se anota nombre y teléfono directo, y se le avisa de las fechas con antelación, no la víspera.
- Designar quién recibe la obra. Alguien con autorización escrita para revisar el trabajo, dar el visto bueno y firmar la entrega. No hace falta poder notarial, pero sí que conste por escrito y que esa persona sepa qué tiene que mirar.
- Acordar cómo se documenta. Fotografía de cada hueco en tres momentos: como estaba, con el hueco abierto y el perímetro a la vista, y ya rematado. La segunda es la única prueba de la parte del trabajo que después queda oculta bajo el remate.
- Dejar pactada la posventa. Si el herraje pide un ajuste a los tres meses y tú no vuelves hasta el verano, mejor haber acordado ahora quién abre y en qué condiciones que negociarlo por mensajes desde otro huso horario.
2. La visita y la medición
Ocupa entre tres cuartos de hora y hora y media, según cuántos huecos haya. Medir es la parte rápida. Lo que lleva tiempo es leer la vivienda: en qué estado llega el premarco, hacia dónde mira cada fachada, si el cajón de persiana está construido en obra, cómo se comporta el vierteaguas y por dónde va a poder entrar y salir el material.
La orientación no es un dato de relleno: es el dato que fija el vidrio. En una misma casa, el hueco que mira al norte y el que se traga el sol de la tarde de junio a septiembre no admiten la misma composición, y en el segundo el control solar decide literalmente si esa habitación se puede usar en agosto. Por eso la ficha sale hueco por hueco y no una sola para toda la vivienda.
Cada hueco se mide por triplicado en ancho y en alto. En los bloques que se levantaron en los sesenta y los setenta —que son la mayoría de este litoral— prácticamente ningún hueco conserva la escuadra. Con una única medida sale de fábrica una ventana que no entra, o que entra dejando holguras que hay que rellenar, y esa holgura se paga en estanqueidad. En una torre expuesta al viento eso deja de ser un detalle de acabado.
Cuatro cosas conviene tener localizadas para ese día: si el edificio arrastra alguna limitación de fachada, si alguna junta aprobó un criterio de color, si el cerramiento de la terraza figura o no en la escritura, y cuántas personas ocupan la vivienda habitualmente. Lo último parece indiscreto y no lo es: determina si va a hacer falta ventilación adicional una vez la casa quede sellada.
3. El presupuesto
Se entrega en dos o tres días, desglosado hueco por hueco, con el sistema, la composición del vidrio y las prestaciones de cada uno. Va a precio cerrado: la cifra firmada es la cifra que se cobra.
Si el documento va a acompañar una solicitud de ayuda o la deducción del IRPF, tiene que llevar el nivel de detalle que exige el expediente: denominación del sistema, prestaciones y separación entre material y mano de obra. Y si vas a poner varios presupuestos uno al lado del otro, compáralos por los mismos seis puntos: nombre del perfil, transmitancia del conjunto, factor solar del vidrio, clase de permeabilidad al aire, clase de resistencia al viento y estanqueidad al agua, y sistema de sellado del perímetro.
4. Los dos permisos, que son trámites distintos
Aquí se confunden con frecuencia dos cosas que no tienen nada que ver: lo que autoriza el ayuntamiento y lo que autoriza la comunidad. Puedes necesitar una, la otra o las dos, y conviene saber en qué situación estás antes de encargar material.
- Ayuntamiento, caso general: sustituyendo sin modificar la dimensión del hueco ni el aspecto exterior suele bastar con una comunicación previa o una licencia de obra menor. Es el trámite más frecuente y se resuelve rápido.
- Ayuntamiento, edificio con protección: en el casco de Altea, en el de Benissa o en las calles de fachadas de color de Villajoyosa hay condicionantes de tono, de despiece y a veces hasta de material. Se consulta antes de fabricar, porque una carpintería ya soldada en el color equivocado no tiene devolución.
- Comunidad: hace falta acuerdo cuando se altera la imagen de la fachada o cuando la carpintería está tratada como elemento común. Si el bloque entero luce blanco y tú quieres antracita por fuera, eso se somete a votación.
- Comunidad, el detalle que se pasa por alto: en un edificio con las terrazas cerradas cada una a su manera, casi siempre existe un acuerdo antiguo en algún acta que fija el criterio. Rescatarlo evita una discusión y a veces evita rehacer un pedido.
5. La ventana de calendario, que aquí se cierra en julio
En casi toda España este apartado sirve para tranquilizar a quien teme pasar frío mientras se hace la obra. En esta costa el argumento no es térmico, es de ocupación: el problema no es la temperatura de la calle, es cuánta gente hay dentro del edificio.
- De octubre a mayo, sin reservas. El invierno litoral es benigno y las heladas son excepcionales, así que un hueco abierto un par de horas no tiene ninguna consecuencia. Los plazos de fábrica van holgados y el bloque está medio vacío.
- Julio y agosto, mejor descartarlo. Se trabaja por encima de los treinta grados con noches que no bajan de veinte, la vivienda está ocupada y muchas comunidades no autorizan obra con el edificio lleno. Si además el piso se alquila por semanas, cada jornada de trabajo es una reserva que no se cobra.
- Semana Santa y los puentes largos, tampoco. Es cuando la segunda residencia se llena de golpe y cuando peor se lleva el ruido en un rellano.
- Septiembre y octubre funcionan muy bien, con una cautela: es temporada de gota fría. Si hay aviso, la fecha se mueve. Dejar un hueco abierto con levante y más de cien milímetros cayendo en unas horas no compensa por adelantar una jornada.
Para una vivienda de uso vacacional el encaje natural es justo al cerrar la temporada: medición en septiembre, fabricación en octubre y montaje con la casa vacía, sin inquilinos esperando y sin prisa por rematar.
6. La fabricación
De tres a cinco semanas, y no es tiempo muerto. Cada unidad se corta a la medida exacta de su hueco, se sueldan los ángulos, se mecaniza el alojamiento del herraje, se introduce el refuerzo de acero y se acristala con la composición que le corresponde a esa orientación.
Dos cosas estiran el plazo: los acabados especiales de carta de color, que se piden a fábrica y no salen de almacén, y los vidrios de composición poco corriente, que aquí son precisamente los de control solar con una capa concreta. Si tienes una fecha tope —el arranque de la temporada de alquiler, una mudanza, otra reforma encadenada— dilo al firmar y se planifica hacia atrás desde ahí.
7. El montaje, que es lo que preocupa

Una vivienda con media docena de huecos se resuelve en una o dos jornadas. El orden es siempre el mismo: desmontar uno, colocar el nuevo, rematarlo y solo entonces pasar al siguiente.
La noche
Es la duda que más se repite y la respuesta es tranquilizadora: no se abren varios huecos a la vez, de modo que ninguno queda sin cerrar al acabar la jornada. En el supuesto raro de que uno no pueda terminarse, se cierra de forma provisional y se protege hasta el día siguiente.
La suciedad
La hay, y negarlo sería absurdo. Cuánta depende del método: si el premarco está sano y se puede reutilizar, la obra sale limpia; si hay que demoler el marco antiguo, aparece escombro y polvo fino.
Nuestra parte consiste en cubrir suelo y mobiliario con plástico, mantener cerrada la puerta de la estancia en la que se trabaja, aspirar al terminar cada hueco y bajar el escombro el mismo día en lugar de acumularlo en la terraza. Tu parte es más corta: metro y medio libre delante de cada hueco y fuera cortinas, visillos y objetos del alféizar.
Si el piso está en altura
En las torres de Benidorm y en los bloques del frente marítimo la logística pesa tanto como el propio montaje: hay que reservar ascensor con la comunidad, planificar la subida del material por plantas y proteger portal y rellanos. Se acuerda con el administrador antes del primer día y se avisa a los vecinos, que es lo que evita la mitad de las fricciones. Y hay un condicionante que no aparece en ninguna previsión: por encima de cierta cota el viento aprieta bastante más que a pie de calle, y en un día malo el material no sube.
8. La corredera de la terraza, que merece capítulo aparte
En un apartamento de esta costa hay un hueco que no se parece a los demás: el que comunica el salón con la terraza. Es el más ancho, el que más superficie de vidrio soporta, el que recibe el sol de frente y el que se abre y se cierra varias veces al día durante todo el verano. Si algo va a fallar con el tiempo, va a fallar ahí.
Por eso se planifica aparte. Suele haber que rehacer el umbral y el apoyo inferior, hay que garantizar que el agua evacúa hacia fuera y no se queda embalsada en el carril, y hay que decidir si el peso de las hojas pide una elevable. Con frecuencia esa corredera se lleva media jornada ella sola, y conviene que esté contemplada en el calendario y no encajada a última hora.
También es el hueco donde más se nota una decisión mal tomada: una hoja demasiado pesada para su herraje se vuelve incómoda a los dos años, y una pendiente mal resuelta se descubre el día del primer episodio fuerte de otoño, con el agua entrando por el carril en lugar de salir por él.
9. El sellado, que es donde se gana o se pierde

Ninguna fotografía de «antes y después» enseña esto, y sin embargo es lo que determina si la ventana va a cumplir lo que promete su ficha. La mayor parte de las filtraciones que nos toca reparar no vienen de la ventana: vienen del encuentro entre la ventana y la obra. Y en esta costa no se manifiestan poco a poco durante un invierno lluvioso, se manifiestan de golpe la primera tarde de gota fría.
Un sellado bien ejecutado no es un material, son tres funciones separadas, cada una en su plano.
- Plano interior: estanqueidad al aire y al vapor. Impide que el vapor de la vivienda se meta en la junta y condense dentro. Y en una casa con aire acondicionado en agosto cumple una segunda función que nadie ve: evita que el aire refrigerado se escape por todo el perímetro del hueco.
- Plano intermedio: aislamiento. Rellena el espacio entre marco y obra con material aislante para que el perímetro no se convierta en un puente térmico continuo alrededor de la ventana.
- Plano exterior: protección frente al agua, permeable al vapor. Frena la lluvia que el levante empuja contra la fachada, pero deja escapar hacia fuera la humedad que haya podido entrar en lugar de sellarla dentro.
10. La entrega, presente o a distancia
Terminado el último hueco se ajusta el herraje de cada hoja, se comprueba que apoya con la misma presión en todos los puntos de cierre y se corrige lo que haga falta. La referencia es simple: la manilla tiene que girar sin esfuerzo y la hoja quedar igual de apretada arriba que abajo.
Después se entrega el paquete documental: garantías separadas de perfil, vidrio, herraje e instalación, e instrucciones de mantenimiento, que en primera línea incluyen el aclarado periódico de los herrajes con agua dulce. Si hay ayuda o deducción de por medio, también las facturas con el desglose que el expediente exige.
Cuando el propietario no está, esa entrega se convierte en un reportaje. No es un extra de cortesía: es la única forma de que alguien a dos mil kilómetros pueda comprobar lo que ha pagado. Se envía el estado previo de cada hueco, el perímetro sellado antes de rematar, el conjunto terminado por dentro y por fuera, y el detalle de los puntos que suelen dar problema. Con eso, la persona autorizada firma la recepción sabiendo lo que firma.
Los primeros meses
Dos efectos que conviene anticipar, porque sorprenden a casi todo el mundo.
- La vivienda pasa a estar sellada. Si mantienes la misma rutina de ventilación que antes, puedes percibir más humedad ambiente que con la carpintería vieja, que llevaba años ventilando la casa sin que nadie lo hubiera decidido. En una vivienda que se cierra media temporada esto pesa el doble, porque no hay nadie para abrir una ventana. Se resuelve con ventilación cruzada o con aireadores, y se decide antes de cursar el pedido.
- El herraje se acomoda. Durante los primeros meses una hoja grande puede pedir un pequeño reglaje, y en una corredera elevable es casi la norma. Está cubierto por la garantía de instalación y se despacha en un cuarto de hora.
Cuando la obra es de todo el bloque
El método de trabajo no cambia; cambia la organización. Se avanza por portales o por plantas, con fecha cerrada para cada vivienda —de modo que nadie tenga que reservar un día libre a ciegas— y siempre dentro de la franja de temporada baja.
Y la cifra se presenta por vivienda, nunca como total del edificio. Un importe global de seis dígitos paraliza cualquier junta; ese mismo importe traducido a lo que le cuesta a cada piso se discute en otros términos, porque cada propietario puede compararlo con lo que le costaría hacerlo por su cuenta. Es, literalmente, la diferencia entre que la obra se apruebe o se aplace un año más.
Lo esencial
- Antes que nada, resuelve quién abre la casa y quién está autorizado a recibir la obra. Aquí eso no es un detalle administrativo.
- De la llamada al montaje, de cuatro a siete semanas, y el grueso es la fabricación a medida.
- Montaje de una a dos jornadas, hueco a hueco, sin dormir nunca con un hueco abierto.
- Polvo hay: se contiene con plásticos, aspirado por hueco y bajada del escombro el mismo día.
- Franja de trabajo: de octubre a mayo. En temporada, el edificio lleno y el alquiler pesan más que el calor.
- Dos permisos distintos: ayuntamiento y comunidad. En casco protegido, el color se consulta antes de fabricar.
- La corredera de la terraza se planifica aparte: es el hueco más exigente del apartamento.
- El sellado en tres planos decide el resultado, y es exactamente lo que ninguna foto enseña.
Sobre esta guía

Escrito por el equipo de Tu Ventana y revisado por Eduardo, fundador ·
Detrás de esto hay 30 años midiendo, fabricando e instalando carpintería exterior, y lo que se dice de esta costa está escrito con sus huecos delante: torres de los setenta con la terraza cerrada a posteriori, apartamentos de superficie ajustada, chalés con la corredera dando al poniente y viviendas que pasan medio año cerradas. Los datos técnicos son los de las fichas del fabricante y se pueden contrastar uno a uno; cuando algo depende de una convocatoria o de una norma, va con su fuente enlazada y con la fecha de la última revisión.
- 30 años instalando ventanas, con 132 reseñas públicas en la sede de Madrid
- Red oficial Kömmerling, comprobable en el listado del fabricante
- TU VENTANA MADRID SL, NIF B06818421, con domicilio y datos de contacto públicos
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