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Mantenimiento

Mantenimiento de ventanas en la costa: sal en los herrajes y arena en el carril

El manual del fabricante habla de agua y jabón. En esta costa lo que acorta la vida de una ventana es otra cosa: la arena que muelen los rodillos de la corredera, la sal que pica la tornillería y el sol que reseca las juntas. Con el calendario de una vivienda que se cierra media temporada, que es la mitad de las llamadas de posventa de junio.

· 10 min de lectura · Tu Ventana Costa Blanca

Hoja de ventana entreabierta vista desde dentro, con el perímetro de goma perimetral al descubierto

El PVC se anuncia como material «sin mantenimiento» y en lo esencial es cierto: el perfil no se pudre, no cría óxido y no hay que barnizarlo cada tres años. El problema del eslogan es que una ventana es bastante más que su perfil. Los herrajes, las gomas, las guías y los desagües sí piden atención, y son el origen de prácticamente todas las llamadas de posventa que entran por teléfono.

Ahora bien, cuáles de esas piezas sufren y por qué depende del sitio. En un clima húmedo la conversación gira alrededor de la condensación. Aquí, con unos trescientos milímetros de lluvia repartidos en cuatro episodios y casi tres mil horas de sol al año, la conversación es otra: sal, arena y radiación. Ese es el orden real de importancia, y no es el orden en que lo cuenta ningún manual.

La arena: por qué el carril es la avería número uno

En un apartamento de playa la corredera del salón se abre y se cierra decenas de veces al día durante todo el verano, y cada persona que entra descalza o en chanclas deja un poco de arena en la guía. Ahí se queda, mezclada con polvo y con lo que arrastra el poniente, hasta que los rodillos pasan por encima y la muelen contra el acero.

El resultado es un desgaste abrasivo que no avisa. Primero la hoja va un poco más dura, luego rasca, y al cabo de unos años los rodillos han perdido perfil y la corredera se mueve a tirones. Nada de eso es un defecto de fabricación: es arena haciendo de papel de lija durante dos o tres temporadas.

La prevención cuesta cinco minutos. Boquilla estrecha del aspirador recorriendo la guía entera, dos o tres veces al año, y después un paño húmedo para arrastrar lo que quede pegado. Si la vivienda está a pie de arenal o hay niños entrando de la playa, súbelo a cuatro.

La sal: ataca al acero, no al perfil

Carpintería en acabado de color. Junto al mar, el aclarado con agua dulce del perfil y sobre todo de los herrajes es lo que retira la sal antes de que trabaje.
Carpintería en acabado de color. Junto al mar, el aclarado con agua dulce del perfil y sobre todo de los herrajes es lo que retira la sal antes de que trabaje.

En la playa de Poniente, en El Campello, en la Cala de Villajoyosa o en las urbanizaciones que miran al mar de Xàbia y Moraira, el aire lleva sal en suspensión durante todo el año. Conviene ser exacto con qué hace y qué no, porque se usa como argumento de venta para cosas que no hacen falta.

  • Al perfil de PVC no le ocurre nada. No se corroe, no se pica y el salitre no le quita color. Es un hecho comprobable, no un argumento comercial.
  • A los herrajes sí, porque son de acero. Bulones, bisagras y la tijera del oscilobatiente son las piezas que trabajan bajo carga y las que peor llevan la corrosión.
  • A la tornillería, todavía más. Es la primera pieza donde se ve el problema y la última en la que alguien se fija al comparar presupuestos.
  • A cualquier elemento metálico visto: manillas, embellecedores, guías. Ahí se nota antes por estética que por funcionamiento.
  • Al vidrio y a sus intercalarios, nada. La sal se queda en superficie y se retira con agua dulce.

El cuadro típico de la zona es una hoja que al tercer o cuarto año cuesta de girar, con la tornillería del herraje picada por dentro mientras la ventana se ve impecable desde fuera. Se evita con dos decisiones: una en el momento de comprar, exigiendo herrajes con tratamiento anticorrosión, y otra de uso, añadiendo dos o tres aclarados anuales con agua dulce sobre el perfil y, muy especialmente, sobre los puntos metálicos.

Unos kilómetros hacia el interior el asunto desaparece. En La Nucía, en Finestrat o en el casco de Benissa el mantenimiento vuelve a ser el corriente, y no hay ninguna razón para tratar una ventana de allí como si estuviera en el paseo marítimo.

El sol: lo que le hace a las gomas y a los acabados oscuros

Junta perimetral a la vista con la hoja abierta. Se limpia y se comprueba así, recorriéndola entera: es donde se nota primero el endurecimiento.
Junta perimetral a la vista con la hoja abierta. Se limpia y se comprueba así, recorriéndola entera: es donde se nota primero el endurecimiento.

Las gomas perimetrales del marco y de la hoja son lo que hace que una ventana cierre de verdad, y son también el componente que peor lleva la radiación. Con la exposición solar de esta franja se endurecen y pierden capacidad de recuperar su forma antes que en un clima nublado, y una goma que no recupera ha dejado de sellar aunque siga en su sitio.

La comprobación se hace con un dedo y lleva medio minuto por ventana: la junta debe ceder al apretarla y volver sola. Si está rígida, cuarteada o aplastada de forma permanente en algún tramo, toca cambiarla. Se sustituye por metros y es de las reparaciones más baratas que existen en una carpintería.

Revisa antes las fachadas que reciben el sol de la tarde que las demás. En un mismo edificio, dos ventanas idénticas envejecen a ritmos distintos según hacia dónde miren, y aquí esa diferencia se aprecia sin necesidad de instrumentos.

Hay una tarea que alarga bastante su vida y que casi nadie hace: una vez al año, pasar un poco de vaselina neutra o un producto específico para gomas. Mantiene la elasticidad y retrasa exactamente el proceso de endurecimiento que la radiación acelera.

Los acabados oscuros bajo sol de tarde

Un perfil blanco refleja la mayor parte de la radiación y se mantiene templado. Uno oscuro absorbe mucha más y alcanza temperaturas de superficie considerablemente más altas, y en una fachada que recibe sol de tarde eso ocurre durante meses seguidos, no en días sueltos.

No es motivo de alarma: los foliados técnicos de fabricante están hechos para trabajar así y llevan garantía de color. Sí es motivo para no maltratarlos. En un acabado en color o con textura de madera, la lámina puede levantarse por el canto si se frota con algo abrasivo, y una vez levantada no hay reparación posible. Con esos perfiles, paño suave y jabón neutro, sin excepciones.

La limpieza del perfil, que es la parte fácil

Agua templada, jabón neutro y un paño suave o una esponja que no raye. Dos pasadas al año son suficientes en una vivienda de uso normal, y coincidiendo con ellas se aprovecha para mirar juntas y desagües.

Los herrajes: el engrase anual

De todas las tareas de esta lista es la única que exige un producto concreto, y es también la que más gente se salta. El herraje es el mecanismo que empuja la hoja contra las gomas: bulones, cierres, bisagras y la tijera del oscilobatiente. Trabaja bajo carga en cada maniobra y su lubricación se agota.

Una vez al año, con la hoja abierta, se pulveriza spray específico para herrajes de ventana sobre cada punto móvil: los bulones uno a uno, la bisagra inferior y la tijera superior. Después se abre y se cierra un par de veces para repartirlo y se retira el sobrante con un paño.

Si la hoja ha empezado a costar de cerrar

Es la llamada más frecuente que recibimos y en la inmensa mayoría de los casos no hay nada roto. Merece la pena recorrer estos cuatro pasos antes de pedir una visita.

  1. Engrasa el herraje. Un mecanismo reseco endurece el giro y se corrige en cinco minutos con el spray adecuado. Empieza siempre por aquí.
  2. Limpia junta y galce. Un cordón de suciedad, o la arenilla fina que entra con el poniente, puede estar impidiendo que la hoja apoye donde debe.
  3. Mira si roza por abajo, del lado de la manilla. Si hay marca de roce, la hoja se ha descolgado ligeramente y necesita reglaje, no lubricante.
  4. El reglaje se hace con una llave allen sobre los tornillos de las bisagras, que permiten subir, bajar y aproximar la hoja al marco. Se puede intentar con calma, pero si no tienes identificado qué tornillo hace qué, mejor una visita: girar el equivocado descuadra la hoja y complica el arreglo.

Durante los primeros meses tras el montaje es habitual que una hoja grande necesite un pequeño ajuste porque el herraje se acomoda. Está dentro de la garantía de instalación y se resuelve en un cuarto de hora.

Los desagües del marco, antes de septiembre

En la cara inferior exterior del marco hay unas ranuras discretas que son los desagües. Su función es sacar el agua que se cuela en el galce cuando la lluvia bate contra la fachada: que entre algo de agua ahí es normal y está previsto, para eso existe la cámara.

Aquí llueve poco pero llueve de golpe. Un episodio de gota fría puede descargar más de cien milímetros en unas horas, con el levante lanzando el agua horizontalmente contra la fachada y, si el piso está en altura, contra el marco entero en lugar de solo contra el vierteaguas. Ese es el día en que se descubre qué ventanas eran estancas y cuáles no.

Si las ranuras están taponadas con polvo, tierra arrastrada de las macetas o restos de calima, el agua se queda embalsada dentro del perfil hasta que encuentra salida por donde no debe. El propietario lo interpreta como una filtración de la ventana y no lo es. Una revisión visual anual basta, y el mes para hacerla es agosto o primeros de septiembre, justo antes de la temporada de otoño. Si el sistema lleva tapetas, se retiran y se comprueba que por debajo está limpio.

Si aparece moho en la junta

Llama la atención que en una zona de unos trescientos milímetros de lluvia anuales salga moho, pero es que no tiene nada que ver con la lluvia. El aire marino mantiene la humedad relativa alta durante buena parte del año, y el moho solo necesita una superficie que esté mojada con frecuencia.

Se retira con un fungicida suave, guantes puestos y la ventana abierta, sin frotar en seco para no dispersar esporas por la habitación. Pero limpiar es la mitad del trabajo: si la junta se sigue mojando, vuelve en pocas semanas. La causa casi siempre es falta de renovación de aire —y la vivienda cerrada media temporada es el caso extremo— o un cajón de persiana sin aislar haciendo de superficie fría.

La vivienda que se cierra de octubre a mayo

Aquí está el capítulo que no escribe nadie, porque estrictamente no es un problema de ventanas: es un problema de casas vacías. Una vivienda que pasa siete meses cerrada, sin ventilar, sin calefacción y con el aire marino aportando humedad de forma constante reúne todas las condiciones para que el moho prospere sin que nadie lo vea aparecer.

La lista de antes de cerrar la puerta

  1. Aclara con agua dulce perfil y herrajes si estás cerca del mar, y engrasa después. Ese engrase tiene que aguantar siete meses de inactividad, así que hazlo sobre metal limpio.
  2. Aspira el carril de la corredera antes de marcharte, nunca al volver. La arena húmeda apelmazada durante meses cuesta el triple de sacar y para entonces ya ha trabajado contra los rodillos.
  3. Limpia las juntas y comprueba que siguen flexibles. Una goma endurecida que pasa el invierno aplastada contra el marco ya no recupera la forma.
  4. Despeja los desagües. Vas a estar fuera precisamente durante la temporada de gota fría, que es cuando hacen falta.
  5. Cierra las hojas con la manilla en posición de cerrado, sin forzar el giro, y no las dejes en oscilo bajo ningún concepto: en un episodio de levante, una hoja abatida mete agua dentro de la casa.
  6. Deja las persianas subidas o a media altura, no bajadas del todo. Una vivienda completamente a oscuras y sin movimiento de aire es donde todo va peor.
  7. Y lo que más diferencia hay entre volver a una casa sana o a una con moho: que alguien de confianza —un vecino, el conserje, quien tenga la llave— entre una hora al mes y la ventile. Es lo único que interrumpe siete meses de aire quieto.

Lo que te espera en junio si no hiciste nada

  • Moho en la goma perimetral y en el encuentro con el alféizar, con preferencia por las habitaciones orientadas al norte y por la que tiene el armario pegado a la fachada.
  • Olor a cerrado que no se marcha ventilando un par de días, porque está agarrado a los textiles y al yeso y no al aire de la habitación.
  • Herrajes duros. Un bulón que lleva siete meses inmóvil y con sal encima se resiste, y forzar la manilla en ese momento es exactamente la manera de romperlo.
  • Corredera que rasca. La arena se apelmaza en la guía con la humedad y los rodillos la muelen en las primeras aperturas de la temporada.
  • Persianas que no suben. La cinta, resecada por el calor acumulado dentro del cajón, se parte el primer día en cuanto se tira de ella con ganas.

Ninguna de esas cinco cosas es un fallo de la carpintería y las cinco se evitan con la lista anterior. Y si la vivienda ya tiene moho, el orden importa: primero se resuelve por dónde va a entrar aire, después se limpia. Al revés, vuelve puntualmente el invierno siguiente.

TareaVivienda de uso continuoVivienda cerrada de octubre a mayo
Aspirado del carril de corredera2-3 veces al añoAntes de cerrarla, no al volver
Engrase de herrajes1 vez al añoSiempre antes de cerrarla
Aclarado con agua dulceSolo en primera línea, 2-3 veces al añoAntes de cerrarla, sin excepción
Limpieza de perfil y juntas2 veces al añoAl cerrarla y al volver
Revisión de desagües1 vez al año, antes de septiembreAntes de cerrarla y al volver
Renovación de aireDiaria y cruzadaUna apertura al mes, por alguien de confianza

Junto al mar se añade un repaso más al año en las dos columnas. A unos kilómetros del agua, el mantenimiento vuelve a ser el corriente.

Cuándo dejar de intentarlo y llamar

  • Vaho en el interior del doble acristalamiento. No se seca ni se limpia: ha cedido el sellado perimetral de la unidad de vidrio y la solución es sustituirla. Si la ventana es reciente, lo cubre la garantía del vidrio.
  • Agua que aparece por la jamba o por la parte alta del hueco en vez de por el marco. Eso no viene de la ventana: viene del encuentro con la obra o de la propia fachada.
  • Una hoja que sigue sin cerrar después de engrasarla y de regularla. Puede haber una pieza del herraje partida.
  • Fisuras en el perfil o en la soldadura de una esquina. Es un defecto y conviene documentarlo con fotografías antes de tocar nada.
  • Tornillería del herraje visiblemente picada en una vivienda cercana al mar. Se sustituye, y a la vez conviene revisar el resto de huecos de la casa, porque llevan la misma edad y la misma exposición.

Lo esencial

  • Aquí lo que desgasta es la arena del carril y la sal en el acero, no la humedad.
  • Aspira la guía de la corredera dos o tres veces al año y no la engrases nunca.
  • La sal no toca el PVC: ataca herrajes y tornillería. Tratamiento anticorrosión al comprar y aclarado con agua dulce después.
  • El sol reseca las gomas antes que en otros climas: compruébalas con el dedo y empieza por las fachadas de tarde.
  • Engrase anual de herrajes con spray específico. Ni aceite de cocina ni desengrasantes multiuso.
  • Perfil con agua y jabón neutro. Nada abrasivo, y menos aún sobre un acabado foliado.
  • Desagües despejados antes de septiembre, que es cuando llega la gota fría.
  • Si cierras la casa media temporada, todo se hace antes de irte y alguien tiene que abrirla una hora al mes.

Sobre esta guía

Eduardo, fundador de Tu Ventana

Escrito por el equipo de Tu Ventana y revisado por Eduardo, fundador ·

Detrás de esto hay 30 años midiendo, fabricando e instalando carpintería exterior, y lo que se dice de esta costa está escrito con sus huecos delante: torres de los setenta con la terraza cerrada a posteriori, apartamentos de superficie ajustada, chalés con la corredera dando al poniente y viviendas que pasan medio año cerradas. Los datos técnicos son los de las fichas del fabricante y se pueden contrastar uno a uno; cuando algo depende de una convocatoria o de una norma, va con su fuente enlazada y con la fecha de la última revisión.

¿Hay algo que no cuadra con lo que has visto en tu vivienda o con la fuente que enlazamos? Escríbenos a info@tuventanacostablanca.es y lo corregimos. Si la vivienda que quieres reformar está en Madrid, quien te atiende es Tu Ventana Madrid.

Lo que más nos preguntan

Preguntas frecuentes

Las que nos hacen por teléfono sobre este tema, contestadas en corto.

Vivo a pie de playa. ¿Qué se me va a estropear primero?

El carril de la corredera y la tornillería del herraje, por ese orden. La arena entra con los pies, se acumula en la guía y los rodillos la trituran cada vez que abres; y la sal en suspensión pica el acero del herraje aunque el perfil siga impecable. Ninguna de las dos cosas afecta al PVC, que es lo que suele preocupar y lo que menos importa.

¿Cada cuánto hay que aspirar el carril de una corredera?

Dos o tres veces al año en una vivienda normal, y más si estás a primera línea o tienes niños entrando y saliendo de la playa. Con boquilla estrecha y después un paño húmedo. Lo que no debe hacerse nunca es engrasar la guía: la grasa atrapa arena y multiplica el desgaste en lugar de reducirlo.

¿Qué le hace la sal exactamente a una ventana?

Al perfil de PVC, nada. Ataca los componentes de acero: bulones, bisagras, tijera y tornillería, además de cualquier pieza metálica vista. Se combate con dos medidas, una de compra y otra de uso: pedir herrajes con tratamiento anticorrosión al hacer el pedido y aclarar herrajes y perfil con agua dulce dos o tres veces al año.

¿El sol de aquí estropea las ventanas?

El perfil de un fabricante serio lleva estabilizantes frente al ultravioleta y no amarillea. Lo que sí acusa la radiación son las gomas, que se endurecen y pierden elasticidad antes que en un clima nublado, y los acabados oscuros de las fachadas que reciben sol de tarde, que trabajan a temperaturas de superficie altas durante meses. Por eso aquí la revisión de juntas es más frecuente que tierra adentro.

La hoja ha empezado a costar de cerrar. ¿Es una avería?

Casi nunca. Prueba en este orden: engrasar el herraje, que resuelve la mayoría de los casos; limpiar juntas y galce por si hay un cordón de suciedad o arenilla impidiendo que asiente; y comprobar si la hoja roza por abajo del lado de la manilla, que indica que se ha descolgado y hay que regularla con una llave allen en las bisagras.

¿Para qué sirven las ranuras de la parte baja del marco?

Son los desagües y evacúan el agua que se cuela en el galce cuando el levante empuja la lluvia contra la fachada. Si se taponan con polvo, tierra de macetas o restos de calima, el agua se embalsa dentro del perfil y termina apareciendo por dentro, con todo el aspecto de una filtración que no lo es. Aquí conviene despejarlos antes de septiembre, cuando arranca la temporada de gota fría.

Cierro la casa de octubre a mayo. ¿Qué dejo hecho antes de irme?

Aclarado con agua dulce y engrase de herrajes, juntas limpias, desagües despejados, carril aspirado y las hojas cerradas con la manilla sin forzar, nunca en oscilo. Y lo que más cambia el resultado: que alguien de confianza entre una hora al mes a ventilar. Siete meses de aire quieto con la humedad que trae el ambiente marino es exactamente lo que produce el moho que te encuentras al volver.

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